Para algunos, la telefonía fija puede parecer una tecnología en retirada pero para otros sigue siendo un servicio esencial en su vida cotidiana. Ese grupo, cada vez más reducido, tiene en el vecino Mario Méndez un caso testigo: desde hace casi un año mantiene una disputa con Movistar tras quedarse sin línea en su hogar.
Según relató, el servicio se interrumpió y al realizar el reclamo, la empresa le informó que el problema se debía al robo de cables. Pero en lugar de restituir el cableado sustraído, desde la compañía le ofrecieron reemplazar la línea tradicional por un módem con chip y conexión inalámbrica, alternativa que el vecino rechazó.
Su negativa no se debe solo a una mera oposición a este nuevo sistema sino a que el asegura haber visto los cables tirados en la vereda. Es decir alguien los cortó pero no se los robó, los dejó ahí tirado, lo que lo hizo sospechar de que la versión oficial de la compañía no era cierta.
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